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Nara y la artesanía japonesa

Japón es una de las naciones orientales abundante en tradiciones. En esta crónica personal, Carla Pascual nos lleva a un recorrido por la ciudad de Nara, antigua capital de Japón, donde descubre la existencia de cuatro tipos de artesanía local, y nos cuenta de los esfuerzos de ese país durante 50 años para conservar esa memoria, evitar el declive y la desaparición de ese antiguo oficio.


(Una versión de este artículo fue publicado originalmente en el suplemento El Cultural # 483 del periódico La Razón)


Desde mi primera cena en Japón contemplé una muestra de su artesanía. Me ofrecieron un sushi tras otro en diversos platos, cada uno fabricado con una técnica distinta, por lo tanto, de color y textura también distintos. Conforme pasaron los días, seguí encontrando artesanías exquisitas, producto de tradiciones, técnicas y materiales locales centenarios: en los restaurantes, teteras negras de hierro en las que se calienta el agua para el té; cajas de madera con marquetería decorando una mesa lateral; lámparas de papel colgando del techo en templos; entre muchas más. Esto a pesar de que la producción artesanal ha declinado dramáticamente en Japón, y en el mundo, como explicaré más adelante, a pesar de 50 años de políticas públicas para revitalizar el gusto de las personas por la artesanía y su consumo.

Ante mi admiración, quise adentrarme en el origen de esas artesanías. Viajé a la ciudad de Nara y allí descubrí el Nara Crafts Museum. En tan solo dos salas, se presentan de manera sintética, pero profunda, ocho tipos de artesanía desarrollados y producidos en la región de Nara desde hace unos mil 300 años. Las piezas en exhibición fueron cuidadosamente seleccionadas para mostrar la belleza y sofisticación de la artesanía local y japonesa, en general.

Aunque no hablen inglés en el Nara Crafts Museum, las explicaciones generales están en ese idioma y regalan al visitante un folleto tan exquisito como las mismas artesanías que todo lo clarifica para quien lea inglés. Incluye fotografías y una línea de tiempo sobre los hechos históricos en Japón y la artesanía en Nara.


Cuatro artesanías de Nara

El exquisito folleto explica que cuando Nara fue capital de Japón entre 710 y 784 D.C., varios artesanos fueron enviados a la China de la dinastía Tang, mientras que artesanos de Persia, India y China visitaron Nara. Por siglos, los japoneses han desarrollado una gran capacidad para adoptar, de cualquier ámbito, ideas, inventos y técnicas del exterior y perfeccionarlos. No fue la excepción respecto a las artesanías de Nara, cada una producida en una estación del año y justamente el museo está organizado entorno a las cuatro estaciones.

En la primavera tiene lugar la ceremonia budista Omizutori en el templo Todaji. El artesano Yamamoto Satoshi sigue fabricando las lacas (Nara shikki) en artículos decorativos y muebles que agregan elegancia a la ceremonia realizada por los monjes. Es laca negra decorada con perla y fue la que originó el resto de las lacas en Japón, más de 23 tipos distintos [1]. La técnica incluye pintar capas de laca no aceitosa, por lo que el proceso toma 10 veces más tiempo, pero el resultado es su alta durabilidad y resistencia. ¿Qué tal servir helado y cerveza en recipientes de Nara shikki? Yamamoto dice que sí.


Templo Dorado Central en Kohfuku-ji, Nara, Japón
Lacas japonesas

El caluroso y húmedo verano en Nara es contrarrestado con el uso de abanicos de papel, Nara Uchiwa, de forma circular y con un bastón para sostenerlos. Son de distintos colores y sus patrones provienen de imágenes locales, como los ciervos endógenos que aún viven en el parque de Nara y se dejan alimentar y tocar por las personas. Afortunadamente, el joven Ikeda Tadashi, de sexta generación, los sigue produciendo con ayuda de su familia e innova con patrones atractivos para las nuevas generaciones. Aunque, su tienda de abanicos Uchiwa es la última que queda en la Nara.


Ciervos en el santuario Kasuga Taisha en Nara, Japón Num. 5 publicada por Libros UNAM prólogo Magali Tercero
Abanicos elaborados en Nara, Japón. Foto: Nara Crafts Museum

Durante el otoño se producen Nara Fude (pinceles y brochas) y Nara Sumi (tinta en terrón), ambos introducidos por Kukai, el fundador de la secta Shingon de budismo, desde la China de la dinastía Tang. Matsutani Fumio usa pelo de animales locales para las brochas y pinceles: cabra, ciervo, comadreja y perro mapache. La tinta en terrón se produce entre octubre y abril, pues el pegamento utilizado se echa a perder durante el clima caluroso, afirma su artesano Nishioka Atsuhito.


Tinta y pinceles elaborados en Nara, Japón.
Tinta y pinceles elaborados en Nara, Japón.

El año cierra en el invierno con las colinas de Nishinokyo en Nara, hogar de arcilla de porcelana de alta calidad. Los enseres de porcelana akahadayaki se fabrican desde varios siglos atrás y se afianzaron con la cultura de la ceremonia del té, producto introducido desde China en el siglo VIII. Actualmente, se producen utensilios adicionales a dicha ceremonia y Oshio Tadashi aplica diferentes estilos a la porcelana akahadayaki, que da una impresión de calidez y brinda abrigo en el frío invierno en Nara. Al menos 32 tipos de alfarería subsisten en Japón.


Porcelana akahadayaki en Nara, Japón. Foto: Nara Crafts Museum
Porcelana akahadayaki en Nara, Japón. Foto: Nara Crafts Museum

Al rescate de la artesanía japonesa

A pesar de la belleza de la artesanía nipona, de la sensibilidad de los japoneses por lo refinado y de las políticas públicas, la artesanía en Japón batalla por sobrevivir.

En 1974, 33,090 empresas contrataron 280,000 empleados en el sector artesanal en Japón, que alcanzó su pico en 1979 con 34,043 empresas y 288,000 empleados. Entonces, comenzó su declive para alcanzar solo 65,000 empleados en 2015 [2].

La urbanización ha impactado la artesanía en varios sentidos en todo el mundo. Los jóvenes son atraídos a las ciudades con la promesa de mejores oportunidades, lo cual puede ser cierto o falso según el contexto específico. Esta migración reduce la demanda cotidiana de artesanías y provoca el declive de festivales y rituales en los que son utilizadas. La artesanía se produce en talleres familiares y al irse los jóvenes no queda sucesor que continúe la tradición. La reducción en la tasa de natalidad también representa una amenaza. El desarrollo urbano se extiende sobre tierras que son hogar de las materias primas con las que se elaboran las artesanías, como plantas, arcillas y animales. La producción en masa y el estilo de vida rápido, práctico y estandarizado también representa una fuerte competencia a las artesanías en los mercados urbanos.

¿Qué ha hecho Japón para frenar el declive en las artesanías? Hace 50 años, en 1974, se instauró la primera política pública al respecto desde el Ministerio de Comercio Internacional e Industria, que creó una definición de artesanía y programas de apoyo. Con su ayuda, en 1975 se creó la Asociación para Promover las Industrias de Artesanías Tradicionales (DENSAN Association). Las políticas y programas se enfocaron, entre otras cosas, en promover sucesores y entrenamiento a empleados, transferencia de conocimiento intergeneracional y mejora de técnicas y de la calidad, asegurar materias primas, generar demanda y nuevos productos artesanales, y difusión en ferias y otros medios [3].

Los museos como el Nara Crafts Museum representan una vertiente de las políticas públicas para presentarle al público los artesanos, su trabajo e invitarlo a que adquiera piezas artesanales.

El declive imparable en la producción de artesanía provocó modificaciones al enfoque del Ministerio en el año 2000, que consideró que debe ser autosustentable. Mayor énfasis se puso en expandir sus mercados y ampliar la demanda a través de entender las necesidades del consumidor y de insertar la artesanía en su vida cotidiana con nuevos productos; abrir nuevos canales de venta y promoción; colaborar con otras industrias tradicionales y no tradicionales, y usar las tecnologías de información y comunicación [4].

Las artesanías también fueron incorporadas a Cool Japan, la estrategia de branding que cobija negocios culturales y creativos, como la animación, los videojuegos y los personajes, para su posicionamiento internacional. Fue lanzada en 2010 por el Ministerio.

¿Imaginas Cool Mexico? Junto con nuestros alebrijes, piezas en barro rojo y barro negro, orfebrería, huipiles y demás artesanías, abarcaría a personajes e historietas que han desaparecido y otros que hubieran surgido y las correspondientes obras derivadas, como productos audiovisuales y mercancía. Por ejemplo, personajes como Cachirulo y su Teatro Fantástico y Burbujas e historietas como Memín Pingüín, Kalimán y La familia Burrón.

A través de Cool Japan, la artesanía japonesa se internacionalizó: se lleva a ferias alrededor del mundo, DENSAN abrió un showroom en París y se han logrado colaboraciones con otras industrias del diseño. Algunos de los resultados son la creación de un mercado high-end entre los europeos y la provisión de artesanía japonesa para clientes corporativos, como textiles para decorar las tiendas Dior [5].

Después de 50 años de políticas públicas para frenar el declive de la producción artesanal japonesa, éste no se ha detenido, aunque sin dichas políticas, el declive habría sido mucho más acelerado.

Si vas a Nara, puedes adquirir sus artesanías en Nara-machi, el barrio antiguo, a unos pasos del Nara Crafts Museum.

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Carla Pascual es autora de la autoficción Descubrirme en Qatar, el único libro escrito en español y que ofrece la mirada de una latinoamericana sobre la cultura árabe musulmana, pues las narrativas sobre Arabia usualmente provienen de EUA y de Europa.

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[1] Para una lista de las artesanías en Japón, consultar Kogei Japan https://kogeijapan.com/locale/en_US/list/?category=1 

[2] Yasushi Ueki y Yuki Kamiesu, “Opportunities and Challenges of Developing Complementary Relationships between Traditional Craft Industries in Japan and Lao PDR: Lessons from Japanese Policies and Business Experiences,” Research Report, IDE-JETRO, 2019, p. 69. Consultado el 24 de julio de 2024 https://www.ide.go.jp/library/English/Publish/Reports/Ec/pdf/201903_02_ch05.pdf 

[3] Ídem, p. 68.

[4] Ídem, p. 76.

[5] Ídem, p. 82.



 

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